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6 feb. 2013

Capitulo 28 Tormenta


Al día siguiente…
Cuando se despertó ya eran las 4 de la tarde. Se estiró. Había dormido como un tronco, pero a pesar de ello seguía teniendo sueño. Miró por la ventana y sonrió. Luego miró los papeles que había esparcidos por el escritorio y salió del cuarto tarareando la canción. Bajó las escaleras mientras silbaba y los tres últimos escalones los saltó. Estaba feliz. No había sido un sueño, había sucedido realmente. Lo hubiera dado todo para que ella estuviera allí con él y cantarle la canción cien, mil, las veces que fuera necesario, pero se conformó con verla y poder disfrutar de su sonrisa.
Contempló el pasillo desierto y se quedó en silencio. No se escuchaba nada. Miró las puertas de las habitaciones, todas estaban cerradas. Se encogió de hombros. Tal vez estuvieran todos durmiendo, todavía. Se dirigió a la cocina y abrió el cajón de los dulces. Había una caja. La sacó y la abrió. En su interior todavía quedaba una galleta.
El sonido de un cascabel lo sacó de sus pensamientos. Se giró y vio a Lucky que lo miraba sentado, recorriendo con la mirada el trayecto que hacían las migas de la galleta que caían al suelo, luego olfateó el suelo y se las comió. Lucky se le tiró encima. Niall cayó al suelo y el perro se comió la parte de galleta sobrante.
-Hey, que era mía.-protestó. Lucky salió de la cocina y desapareció por el pasillo haciendo sonar su cascabel. Niall lo siguió hasta el salón. Lucky se sentó frente a la puerta y lo miró mientras soltaba un ladrido.- Shh.-lo mandó callar. Se arrodilló a su lado y le acarició la cabeza.-Espera un momento, ahora bajo.
Subió deprisa las escaleras, se vistió un chándal y se puso sus zapatillas de Nike. Finalmente cogió el anorak que tenía colgado de la silla. Bajó las escaleras y cogió la correa. Se la ató al collar y abrió la puerta.
-Vamos, pequeño.-le dijo, justo antes de que Lucky tirará de él.
En esos momentos en Barcelona…
Era sábado y no hacía muy buen día para salir. Había amanecido nublado y nublado iba a anochecer. Marta llamó a Ana y quedaron todas para ver una peli en casa.
-Me decanto por “La última canción”, siempre consigue hacerme llorar.-dijo Alejandra.
-Alaaaaa, seguro que es cursi.-protestó Elbe.
-A mí me gusta.-dijo Marta.- ¿Votos a favor?-Paula, Alejandra, Ana, Adela y ella levantaron la mano.
-Joder… mayoría absoluta.-protestó Elbe de nuevo.
Mientras en otro lugar…
Se levantó y se dirigió a la ventana. No sabía qué hora sería, se supuso que era tarde. El sol no brillaba aquella tarde en Londres. Bajó del todo la persiana y se tiró en la cama sin muchas ganas de hacer nada. Al cabo de unos minutos se escuchó el sonido de un trueno e instantes después la lluvia empezó a golpear en la ventana.
El sonido de la lluvia le relajaba. Estaba a punto de caer dormido cuando escuchó el sonido de la puerta.
En el salón…
Se quitó el anorak mojado y entró descalzo, ya que las zapatillas estaban llenas de barro y las había dejado en el porche.
Lucky pisó la alfombra dejando la marca de sus huellas. Iba a subirse al sofá. Niall lo miró y se lanzó a tiempo para que el perro no ensuciase la tapicería.
-Ven aquí, te daré un baño.-dijo cogiéndolo en brazos, a pesar de que ya pesaba lo suyo.
Mientras en la habitación de al lado…
Salió al pasillo justo cuando Niall entraba en el baño con el perro en brazos.
-¿Qué haces?-le preguntó.
-Voy a bañarlo, lo he sacado a pasear, ha empezado a llover y…-se paró y sonrió.- bueno, mejor no veas cómo ha dejado el salón.
Acto seguido Niall desapareció tras cerrar la puerta y Liam se dirigió al salón mientras se pasaba la mano por la cabeza. Miró las huellas de Lucky marcadas en la alfombra.
-Bueno, tampoco es para tanto.-dijo, cogió un paño mojado y las limpió. Luego se volvió para mirar por la ventana. El cielo se había vuelto gris oscuro, los relámpagos lo iluminaban todo y los truenos dejaban a su rastro su eco, que rebotaba hueco entre las montañas.- Vaya día…-dijo para sí mismo mientras corría las cortinas. De pronto se fue la luz.
-¿Liam? ¿Has apagado tú la luz?-preguntó Niall a gritos desde el baño.
-¡No! Ha debido de irse por la tormenta.-contestó él al tiempo que ponía bien el interruptor que había saltado.- Ya está.-dijo cuando la luz volvió. Miró a su alrededor como si notase que, desde la última vez que había contemplado el salón con luz, faltara algo. 

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